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Caster Semenya, el derecho a ser

15 July 2020

Semenya sosteniendo la bandera sudafricana Fuente: Tab59

En Sudáfrica, su país de origen, la adoran. Apostar online por ella es una garantía de éxito. Es que Caster Semenya brilla desde 2008 en las carreras de 800 metros en atletismo. Ganó medallas tanto en los Juegos Olímpicos de Londres 2012 como en Río de Janeiro 2016. Y no solo eso, sino que se consagró campeona mundial en 2009, 2011 y 2017.

Cualquier otra atleta caminaría por la alfombra roja de las celebridades, pero Semenya no es una atleta cualquiera. Desde su infancia tiene un alto nivel de testosterona que la IAAF (Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo) le obligó a reducir con medicamentos. De otra forma, consideran en la asociación, tendría una ventaja deportiva sobre sus competidoras. Pero ¿esa decisión no es un atentado contra el cuerpo y la identidad de Semenya?

La agresión de la prensa

Desde que se supo que la atleta sudafricana tenía el nivel de testosterona al triple de lo normal, comenzaron las agresiones. El diario español El Mundo del 19 de agosto de 2009 tituló: "¿Ganó ella o él?". Y el artículo comienza con un: "A la chica, o lo que sea". La BBC inglesa también tituló "¿Es hombre o mujer?" el artículo que habla sobre el triunfo de Semenya en Berlín y los exámenes de género que se disponían a hacerle.

Otros diarios remarcaron la supuesta apariencia masculina de Semenya, su voz gruesa, los músculos, como si esos patrones biológicos definieran un género. Incluso el periódico inglés The Daily Telegraph publicó resultados de tests que aseguraban que Caster no tenía útero ni ovarios, pero sí testículos internos. Esa información jamás fue probada por la IAAF, pero era demasiado tarde. La supuesta identidad de la sudafricana ya estaba en boca de todos, incluidas otras atletas que la veían como una amenaza.

Semenya en una entrevista Fuente: Youtube

Una carrera brillante

Caster Semenya nació en Ga-Masehlong, un pequeño pueblo de Sudáfrica con casas de barro y techos de paja. Su abuela recuerda haber pedido dinero a amigos y familiares para que su nieta pudiera competir en eventos locales. A partir de ese momento, empezó un camino de éxito primero en el World Junior Championships in Athletics, un torneo juvenil.

Después, Semenya ganó la medalla de oro en los Juegos de la Juventud, con un tiempo de 2:04.23. No tardó en mejorar su tiempo a 1:56.72 y 1:55.45 al año siguiente, que le daría el campeonato mundial en Berlín. Y en Río de Janeiro 2016, volvió a romper su marca con un increíble 1:55.28.

Para no perder el contacto con sus orígenes, Semenya volvió a su pueblo natal. Ahí la recibieron como heroína. Nadie la examinó, nadie la investigó ni la juzgó. En el pequeño Ga-Masehlong fue, es y será simplemente Caster. Los aldeanos empezaron a cantar cuando la vieron. Los niños la rodearon con su cariño. El alcalde dijo: "Es una de las nuestras, tuvo que caminar muchos kilómetros para buscar madera y agua". Y de esa fortaleza se vale Semenya para luchar contra su obstáculo más grande. No es la pista, ni siquiera las competidoras, sino la IAAF.

Conejillo de Indias

La humillación empezó con el control antidoping. Las autoridades estaban seguras de que una mujer no podía correr tan rápido. Ni tener voz gruesa. Ni músculos. Semenya les demostró que no consumía ninguna sustancia ilegal. Entonces fueron por su cuerpo, en un intento de probar que no era una mujer, como ella afirmaba. En el colmo de la humillación, la sudafricana debió mostrar su certificado de nacimiento, que claramente dice: "Sexo: femenino".

Las redes sociales estallaron con mensajes de apoyo y el hashtag #HandsOffCaster (DejenEnPazACaster). De esa forma, el pedido empalmó con la lucha de las mujeres para que no las excluyan sobre la base de parámetros arbitrarios. Activistas sudafricanos empezaron a hablar de racismo y de violación de derechos humanos y de la intimidad de una persona.

Pese a las protestas y las evidencias, la IAAF consideró a Semenya una persona "intersexual", es decir, le quitó la identidad que ella misma construyó a lo largo de su vida. Eso, sin siquiera tener pruebas de órganos sexuales masculinos, solo de un nivel de testosterona mayor al considerado normal.

Según la resolución, las personas con hiperandrogenismo tienen una ventaja sobre el resto de las competidoras. Y acá llega el momento de mayor cinismo. Para eliminar esa ventaja, Caster debía someterse a un tratamiento que redujera su nivel de testosterona.

En definitiva, le prohibían competir a menos que se sometiera como conejillo de Indias a experimentos médicos con su cuerpo. Semenya, entre la espada y la pared, aceptó las condiciones. Su amor por el deporte, que representaba su vida, era mucho más fuerte que cualquier palo en la rueda.

 bandera sudafricana Fuente: Pixabay

Otra resolución de la IAAF

¿Acaso Caster Semenya disminuyó su rendimiento después de bajar el nivel de testosterona? En absoluto, su vuelta triunfal a la pista incluyó las mencionadas medallas en juegos olímpicos y mundiales. Incluido su récord de tiempo. Otra vez, Caster demostraba que sus condiciones extraordinarias no tenían nada que ver con aquello a lo que apuntaban los medios y la IAAF. Incluso a pesar de que las drogas que le obligaron a tomar la hacían sentir enferma.

El problema recrudeció cuando, este año, la IAAF sacó un nuevo reglamento que obliga a bajar todavía más los niveles de testosterona para correr hasta 1500 metros. Más precisamente, el máximo nivel de testosterona permitido bajó a la mitad.

Semenya apeló al Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), que el 1 de mayo le dio la razón a la IAAF. Lo curioso es que la resolución demuestra que considera a Caster como un hombre con identidad de género femenina. Tal afirmación se contradice con el certificado de nacimiento de la atleta y con el testimonio de las personas que la criaron.

Sin perder tiempo, Semenya apeló el fallo del TAS ante el Tribunal Federal Supremo de Suiza, que el 3 de junio ordenó suspender la nueva reglamentación.

Qué depara el futuro

La leyenda británica Paula Radcliffe se mostró a favor de la prohibición. De otra forma, asegura, las federaciones buscarían niñas con esa condición para entrenarlas. Pero ¿no es acaso lo que hacen todos los entrenadores? ¿Buscar deportistas con aptitudes físicas y psicológicas para entrenar?

Por lo pronto, nuestra heroína sienta precedente. Si no la dejan competir en 800 metros, su especialidad, no irá al mundial de Qatar en septiembre. Según declaró a la BBC, su lucha contra la IAAF la "destrozó física y mentalmente". Sin embargo, no se considera víctima sino ejemplo, un testimonio vivo. Y vaya que lo es esta campeona que tan solo quiere que la dejen defender su título, que su victoria sea el triunfo de todas aquellas personas que nunca se rindieron pese a tener todo en contra.

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